La falta de coordinación con las autonomías y la ausencia de diálogo con los partidos describen la postura adoptada por el Gobierno en la gestión de la desescalada. Atrás ha quedado el mensaje lanzado sobre la necesidad de un entendimiento compartido

¿Tan difícil resulta la coordinación? Primera solicitud. Moncloa invita a los gobiernos autonómicos a diseñar un plan de desconfinamiento para que pueda ser debatido y compartido por todas las Comunidades. Segundo paso. El Ejecutivo aragonés anticipa su propuesta de salida por áreas y zonas sanitarias. Se define un calendario y se fija una desescalada en cuatro fases. Tercer movimiento. Pedro Sánchez ignora las propuestas de las Comunidades e impone un proceso para la recuperación de la «nueva normalidad» definido en los límites provinciales. Tampoco consensua el proyecto con la oposición. Cuarto paso. El presidente Javier Lambán, al igual que otros líderes autonómicos, muestra su malestar y anuncia que empleará «todos los medios» a su alcance para modificar el plan de Sánchez y adaptarlo a la realidad aragonesa. Quinto y penúltimo acto. Moncloa, que tras su anuncio se da cuenta de la reacción de las Comunidades, admite cierta flexibilidad y ofrece un plan de 16.000 millones para «la reconstrucción social y económica» de las Autonomías. En el horizonte permanecen las dudas sobre la aprobación en el Congreso de una nueva prórroga del estado de alarma. Aparece la misma pregunta: ¿cómo se fija la coordinación?

Al margen de que no exista duda alguna de que el coronavirus, tal y como insiste Sánchez, no entiende de lindes administrativos y que el ritmo del desconfinamiento es una cuestión directamente relacionada con la población y su estado de salud, no deja de sorprender el insistente empeño del Gobierno por alejarse de la coordinación y la comunicación. Tener enfadadas a las Comunidades carece de todo fundamento, al igual que eludir la complicidad con los partidos de la oposición, un hecho de dudosa rentabilidad que solo añade un clima de tensión que colisiona con los propósitos de unidad lanzados hace solo unos pocos días. ¿Recuerdan cuando se hablaba de los Pactos de la Moncloa y de un modelo de reconstrucción fijado en un compromiso solidario?

La gestión de esta crisis ha permitido descubrir el empleo de ciertos mensajes y las muchas dificultades del Gobierno para mostrar una mínima coordinación interna entre los dos socios.

«Tener enfadadas a las Comunidades carece de todo fundamento, al igual que eludir la complicidad de los partidos de la oposición»

La expresión pública de las tensiones ha conferido una fragilidad añadida al Ejecutivo que se esperaba que podía quedar compensada con su obligado liderazgo frente a las Autonomías. La gravedad de la covid-19 logró que todas las Comunidades volvieran a sentarse juntas, algo que parecía imposible, y que se avanzase en el reconocimiento del peso de la figura coordinadora del Gobierno central. La falta de sensibilidad al desatender las propuestas de desconfinamiento y la forma como ha sido planteada la prórroga del estado de alarma han vuelto a atrapar a Sánchez en las consecuencias de sus decisiones.

El proceso de salida de la crisis sanitaria, que necesariamente tiene que obligar a replantearse las futuras competencias del Ministerio de Sanidad, un trabajo que también se tiene que realizar en todas las Comunidades -Aragón incluida-, no puede ignorar el descuadre que existe cuando se compara el ritmo adoptado en otros países europeos. Atender a la posibilidad de aplicar distintas velocidades, discriminando positivamente a aquellos municipios o zonas que no han sufrido la enfermedad o ya están recuperados, es una obligación que solo necesita una voluntad coordinada, precaución y de la universalización de los test médicos.

La firma por Mikel Iturbe . Publicado en Heraldo de Aragón el 5 de mayo de 2020

Desde la redacción de Heraldo llega la newsletter del director. Regístrate gratis y recibe en tu correo el análisis semanal explicado en primera persona por Mikel Iturbe, director de Heraldo de Aragón.